11 jul 2014








    Hay una música en los huesos que se rompen. Una 

música que es dolor. Una oleada de mar invisible anegando 

tu vida, sosteniendo apenas sus débiles brazos, su 

mirada. Pensando, que todo pasará, que encontrará esa 

felicidad común de todos los niños. Coges sus manos, 

acaricias sus cabellos, besas sus mejillas, la 

abrazas...Apartas a manotazos la tristeza, la dejas atrás, en 

sus sueños, en el llanto de las habitaciones vacías.

¿Cómo se hace convertir el tú en ella, el dolor en belleza?

Levantarse cada mañana y renovar la esperanza. Llegar 

allí, a sus pies, con la rosa fresca del día, ¿cómo?

         Escucho la lentitud del tiempo ahogándose en tus 

ojos, gritando cabellos blancos en tus sienes. Es tuyo el 

fruto de tu vientre, y allí mueres. No hay preguntas, ni 

condiciones, ni medias palabras. Tú eres sus pensamientos 

y ella en ti vive. Delicada flor en el agua de tus besos.








5 jun 2014






No hay paz,

 sosiego alguno

 en el corazón

 de aquel 

que odia

 o

 ama.










6 may 2014












                   Silencio. Escucho el silencio. Esta lluvia finísima que cae sobre mi corazón. La primavera ya deshizo las nieves. Corre el agua por sus cauces. Mi pensamiento es raíz, oculto bajo la tierra. Y abril ya ha ocurrido como si fuera innecesario.

     Quizás, una vida sea suficiente, y debiera cumplirse el amor... Pero todo son palabras. Una lenta navegación a la deriva. Oscuridad y llanto. Una letanía inacabada, incumplida. Paraísos entrevistos, paisajes tan frágiles como una sílaba. El instante y su púrpura semejante a un ocaso.
     Quizás, debiera decir verdad, locura, para nombrar lo intangible, para decir la sospecha de alguna metáfora.
           Quizás, nos contiene más la ausencia, el abandono... La ardua conquista del sentido para decir yo como si esto significase.
           Silencio. Escucho el silencio. Este ramaje oscuro de la noche y no sé con quien hablo ni para qué. Y sólo espero que ocurra la mañana, de nuevo el día, ese gigante, y en su luz pueda regresar a las cosas.
                  
              
                     



2 abr 2014





                                 
                           Hay alguna física en el amor haciendo que los cuerpos se
 atraigan. Led Zeppelin suena en la caja oscura del pub. Afuera llueve
 y hace frío. Estamos aquí por no sé qué conjunción de soledades, la 
curiosidad, esta desidia del tiempo que nos hace ir de un lugar a otro... Las palabras se han quedado quietas. Estamos cerca. Puedo oler tu pelo, el dulce jabón que habrá recorrido tu cuerpo horas antes. El yo establece conjeturas indelebles, divagaciones, dudas sobre el cómo llegar a tí, a tus labios. Nuestras bocas son torpes, tropiezan los dientes, pero hay un olvido, un silencioso olvido de toda la carga del vivir en ese instante. Se olvidan los miedos, las dudas..., y seguimos besándonos. Acaricio tus pechos. Y las manos se buscan y los cuerpos... La música hace rato que ya no nos importa. Hay una barrera tras la piel, un código del que sabemos los números secretos. Están en nuestras manos, desnudos. Están en la mirada. En la tarde que acaba cuando salimos a la calle abrazados a respirar un aire distinto. A comprobar que somos verídicos, que podemos continuar y volver a vernos con el mismo titubeo que el aire o la lluvia que se agita entre las ramas de la acacia. Llueve. Tenemos miedo. Equivocarnos puede ser un paso atrás. Devolver los números secretos y dejar que desaparezcan como la lluvia por los sumideros de la tarde. Hay una hipérbole del amor que obliga a esperar, siempre.   

26 feb 2014














                                         Historias mínimas:

Mi yo,

la nieve.

Pronto

serán olvido.

















2 dic 2013



"..estas son palabras privadas que te dirijo en público." T.S.Eliot.



Para Carmen.

A todos aquellos que saben de la pérdida.








 Pienso

la desnudez

de

tu

pena.


Escucho,

algún país perdido,

en el murmullo 

de

tus

labios.






                                                

19 jun 2011

Días distintos













.














Cada año hacia el final del invierno
florece la mimosa en el jardín.
Tu habitación, sigue estando vacía. 








Alza ,
como los árboles,
su copa
la locura.








Se rompían
azules
tus venas;
los días.







¿Qué esperabas 
que
fuera
la
vida?



La muerte 
en la mañana
tiñe
violeta
las rosas. 





Tús lágrimas
secas.
Tu mirada,
espanto
de los días. 



  
Este 
invierno
repentino:
la tristeza.



 
El amor
es
concreto.
Sin ti,
como la muerte,
nada.



Frente
al
mar.
Ningún deseo.
Nada. 





Vivo
en
la
misericordia
de
los
días. 





Déjala que se vaya.
Déjala.
Suelta
tu pena.





Duerme, duerme el espanto.
Acuna la muerte;
la rosa de la misericordia, 
del olvido.


"Todo ha ocurrido a velocidad de vértigo. Pero este carro que es el tiempo no se mueve. Hay interioridades, una compleja maquinaria de reloj que no engarza, que no suena y siempre es la misma hora, el mismo día. Veo tu sonrisa, tu dilapidada sonrisa, como diciendo que no, que no te has ido. Veo tus manos, tus delicadas manos, tu pequeña muerte sombreada en las uñas y sé que tu tacto está en cada página que escribo, en cada natural pensamiento que se hace flor, primavera o luz en los más altos designios de la mañana. Toco sombras con la yema de los dedos. Y hay días de pronto ante mí, que son tuyos. Y tú sonríes. Estás agazapada en todos los rincones como si no quisieras irte. Pero ya va siendo hora. La despedida es larga, intensa, poblada de sinsabores, de lágrimas, de tristeza. Pesa tu vida más que la mía."